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La sensación de fallar en la cama

17 de julio de 2017 10:19 AM
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La vida sexual masculina en nuestra sociedad está asociada estrictamente con la erección. Para el hombre, los encuentros sexuales giran en torno al buen funcionamiento del pene, y muchas mujeres comparten esa idea. Las fallas sexuales que impiden la penetración son vividas con una angustia sin igual, debido a ese papel protagónico asignado.

Desde etapas tempranas de su vida, el varón aprende con rapidez el funcionamiento sexual de su cuerpo. Comprende que la erección es su gran compañera, que está siempre lista y aparece con estímulos directos e indirectos. Así, el hombre normalmente tiene erecciones al despertar, cuando duerme, a lo largo del día, cuando piensa en sexo y cuando no piensa en sexo. El fenómeno de la erección es omnipresente.

La erección normal es firme y pétrea. Se consigue con una rapidez inusitada, en cuestión de segundos. Además, se mantiene constante, y solo se desvanece una vez terminada su faena, una vez ocurrida la salida del semen. Es difícil que una distracción quite el ímpetu de la erección, la cual se conserva hasta en situaciones apremiantes.

El hombre vive, experimenta y ostenta la erección como una de las funciones de su cuerpo, como hacer la digestión, es decir, de una forma automática, confiado y sin esperar ninguna falla. Se entenderá la contrariedad que representan los fallos sexuales.

Cuando el hombre nota que el pene no alcanza la dureza acostumbrada, aunque pueda penetrar y concluir el acto sexual, se siente falseado sexualmente y comienza a generar cierta inseguridad en su desempeño. De igual modo, si no consigue rápido la erección y requiere de estímulos prolongados, sean caricias, besos o demás, enfrenta una sensación de ambivalencia porque sabe que algo anda mal.

Más acongojante resulta cuando la erección se desvanece parcial o totalmente con los movimientos de penetración, sea de manera espontánea o por alguna desconcentración. De inmediato se produce una alarma y se teme no poder concluir la relación sexual. Muchos, en esta circunstancia, se apresuran a eyacular, aun antes de tiempo, por lo menos para poder terminar, aun cuando dejen a la pareja a medio deleite.

Todos estos escenarios se viven mentalmente como un auténtico tormento, un cisma que deja sentimientos de minusvalía. Esta situación es difícil de creer, difícil de aceptar y más difícil aún de asumir. Muchos hombres pasan años viviendo con un problema sexual, poniéndose excusas para no consultar, buscando falsas explicaciones y probando curaciones ineficaces, casi siempre por temor o vergüenza.

Bajo el manto cultural de nuestra sociedad, es vergonzoso para muchos admitir que se padece un problema sexual, e incluso más buscar ayuda profesional. Recordemos que, cuanto más rápido se consulte, se obtendrán mejores resultados y en menos tiempo. Con los tratamientos actuales, podemos devolver esa sexualidad perdida a la inmensa mayoría de los varones.

Fuente: diarioextra.com

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