‘Sí’ a Escocia independiente dejaría un ‘Reino Desunido’

14 de septiembre de 2014 06:00 AM

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‘Sí’ a Escocia independiente dejaría un ‘Reino Desunido’

Una empresa comercial escocesa en la selva de Darién, Panamá –a finales del siglo XVII–, que acabó en un fiasco para las finanzas de Escocia, terminó empujando a este país a unirse a Inglaterra y dar nacimiento al Reino Unido.

Los ingleses se aprovecharon del mal momento de su vecino del norte y este cayó en la cuenta de que su supervivencia económica requería el acceso al comercio con Inglaterra y sus colonias.

Londres, a su vez, necesitaba la garantía de seguridad en su frontera septentrional, donde su enconado rival europeo, Francia, había tenido presencia y tratos con los escoceses.

El matrimonio de conveniencia se concretó en 1707 con la Ley de Unión , que disolvió el Parlamento de Escocia, eliminó las trabas comerciales y vio nacer el Reino Unido. Eso sí, cada país mantuvo su sistema judicial y su Iglesia: anglicana en Inglaterra y presbiteriana para los escoceses.

También, misma bandera ( Union Jack ), misma moneda e igualdad de impuestos.

Ahora, uno de los contrayentes quiere la separación. Los proindependentistas de Escocia consideran que el país puede tener un mejor porvenir si se gobierna por sí mismo, administra la economía sin depender de Londres y gestiona las riquezas con base en sus intereses.

El próximo jueves, 18 de setiembre, 4,3 millones de votantes están convocados para decidir en las urnas si la unión tricentenaria se mantiene o si, por el contrario, Europa ve nacer un nuevo país con todas las repercusiones que tal decisión tendría no solo para un Reino Unido disminuido y para un continente entero donde otras poblaciones sueñan con su Estado-nación.

Casa aparte. Si durante 307 años aquella unión se ha mantenido, ¿por qué ahora un movimiento pide una Escocia independiente?

Garry Hassan , analista político escocés, puntualizó lo que, a su juicio, es el meollo del secesionismo: “ (...) Cada vez está más claro que no existe una política británica unitaria, sino una política escocesa, galesa, norirlandesa e inglesa, con parlamentos y asamblea autónomos en los tres primeros casos”.

También, que a lo largo del siglo XX, Escocia ha ido ganando autogestión e incluso desde 1999 cuenta con su propio Parlamento, que, si bien decide sobre asuntos domésticos, no tiene competencia en materia de defensa y política exterior.

Un Gobierno con plenos poderes y que responda a la voluntad popular mayoritaria y a los intereses nacionales del país.

Territorio libre de armas nucleares pues la presencia de estas es inmoral y opuesta a la ética.

Administración del recurso petrolero. La mayoría de ingresos e impuestos “van directamente a Westminster (Londres)”.

Escocia e Inglaterra tienen políticas sociales opuestas; por ejemplo, en la concepción de los servicios de salud.

Reino Unido está dispuesto a conceder más poderes a la Administración regional escocesa. El Gobierno Central tiene más capacidad para decidir sobre asuntos como defensa y tributos.

Las armas nucleares son necesarias para el resguardo de la seguridad nacional “y nos protegen contra enemigos comunes”.

Compartir el petróleo del mar del Norte genera beneficios y riquezas para todo el Reino Unido, amén de que el potencial del recurso está en declive.

La independencia puede traer incertidumbre y no necesariamente traerá el cambio esperado. ¿Para qué votar por una expectativa?

Pese a las diferencias culturales y políticas, ambos países han probado durante 300 años que pueden compartir vida e instituciones.

Y hay razones. David Cameron, primer ministro, fue quien pactó en el 2012 con el jefe regional escocés, Álex Salmond, los términos de la consulta, que incluyó la palabra “independencia” y le dio un carácter vinculante al resultado.

Cameron no quiere pasar a la historia como el jefe de Gobierno que perdió Escocia, un hecho que diezmaría la imagen de una potencia que comenzó a a achicarse tras la Primera Guerra Mundial y que después de la Segunda perdió el vasto territorio colonial.

No menos grave sería la pérdida de parte de la riqueza petrolera y de la pesca del mar del Norte, así como tener que dejar las bases de submarinos nucleares en Escocia, lo cual llevaría años reubicarlas y gastos por al menos $10.000 millones.

En el plano internacional, el éxito del “sí” podría propagar el contagio a otras regiones en Europa y allende que albergan esperanzas de emancipación: Cataluña, Venecia, País Vasco español, el este prorruso de Ucrania, los kurdos...

Carlos Murillo, profesor de la Escuela de Relaciones Internacionales de la Universidad Nacional, resalta que “Escocia abriría la puerta para legitimar un montón de grupos separatistas que quieren independencia, no autonomía”.

El experto agrega otra circunstancia: así como el mundo, particularmente Europa, ha vivido periodos de gran integración –que han dado pie a la creación de organismos y estructuras supranacionales–, desde los años 90 ahora se asiste a un proceso de fragmentación que aumentó la cantidad de países en el mapa mundial.

Una Escocia en casa aparte representaría para el Reino Unido la amputación de un tercio de su territorio y un latigazo al orgullo nacional de una vieja potencia.

Fuente: nacion.com

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