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Las emociones aflictivas nos roban la paz

17 de julio de 2017 09:58 AM
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Las emociones siempre son un tema interesante que nos inquietan y motivan a evaluar nuestra conducta. Los seres humanos sentimos la necesidad de controlar las emociones, pretendiendo eliminarlas o reducirlas, pero la realidad es que tenemos que comprenderlas y convivir con ellas, porque son parte nuestra y nos ayudan a resolver problemas de la vida cotidiana.

Pero ¿qué hacemos cuando sentimos emociones en exceso? Cuando nos enojamos frecuentemente, sentimos odio, rencor e ira fuertemente, nos deprimimos o sentimos una enorme tristeza o soledad, o pasamos tan ansiosos que corremos de un lado al otro sin tener un espacio de paz.

Las emociones en exceso no son saludables y generalmente obedecen a pensamientos negativos hacia nosotros mismos, la vida y hacia los demás. Una emoción fuerte dura pocos segundos, explotamos en un instante, pero podemos provocar graves consecuencias que pueden extenderse por el resto de nuestras vidas y las de los demás.

Ser apasionados y vivir enamorados de la vida es creer y tener la convicción de que nuestra existencia está llena de amor, gozo, confianza, bondad, gratitud y perdón. A veces esto se nos olvida y sentimos miedo, tristeza, enojo, abandono, disgusto y hasta odio hacia nosotros mismos. Las emociones negativas también nos enseñan a tener un equilibrio en la vida, no todo es color de rosa, pero necesitamos estimular el disfrute de emociones confortables, cargadas de bienestar, paz y felicidad para recuperarnos del estrés cotidiano de la vida.

Nuestras emociones no dependen de las circunstancias sino de nuestra relación con nosotros mismos, nuestro amor propio nos estimula a superar las vicisitudes de la vida y sobreponernos al dolor que conlleva estar vivo, levantándonos con gratitud y alegría cada día. Reconociendo nuestros errores y aprendiendo las lecciones de la vida.

Una persona que no siente es un ser vacío, las emociones nos permiten sentir que la vida vale la pena. Evitemos emociones negativas excesivas que nos hacen sufrir y nos roban la alegría de vivir. Hagamos una pausa para respirar, apartémonos de lo que nos enoja, pero sobre todo reconciliémonos con nosotros mismos. El amor propio es la emoción que nos cura.

Fuente: diarioextra.com

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